Notas sobre Galdós y el español de Canarias

Nuestro modesto homenaje al admirado creador.
Clara Eugenia Hernández Cabrera y José Antonio Samper Padilla

Clara Eugenia Hernández Cabrera y José Antonio Samper Padilla

Universidad de Las Palmas de Gran Canaria


En este año en que se celebra el centenario de la muerte de Pérez Galdós, hemos querido unir a los merecidos actos que se han programado en todo el país nuestro modesto homenaje al admirado creador, a algunas de cuyas valiosas aportaciones nos hemos acercado en distintos momentos de nuestra vida universitaria.

1. Algunos rasgos de la variedad canaria en la producción galdosiana

Uno de los primeros repertorios de voces características de la modalidad canaria ha sido aportado por el escritor Benito Pérez Galdós. Se trata de una colección de palabras que el entonces joven novelista, en torno a los años sesenta del siglo XIX, antes de su marcha a Madrid, anotó en una libreta-índice, como las que se usaban con frecuencia hasta hace unos años en los colegios. Tal cuaderno se guarda en el Museo Canario junto con otros documentos del escritor, con el título de «Vocabulario de modismos canarios usado constantemente por D. Benito y que donó a esta Sociedad su sobrino D. José Hurtado de Mendoza» y fue publicado alrededor de 1930 por la Librería Hespérides (Santa Cruz de Tenerife) como un apéndice de la obra de Elías Zerolo, Voces y frases usuales en Canarias  en la colección «Biblioteca Canaria». Tras el inicial estudio de Sebastián de la Nuez (1966), se cuenta con un detallado análisis del glosario realizado por Cristóbal Corrales (1993) y con la edición del manuscrito y su estudio de Clara Eugenia Hernández Cabrera y José Antonio Samper Padilla (2003a).  

Al abrir el cuadernillo hay una serie de aspectos que llaman la atención. Por ejemplo, que no todas las entradas cuentan con la correspondiente definición (realmente este requisito lo cumple solamente un 40% de las palabras incluidas) y que algunos nombres referidos a peces (saifía, salema, sama y vieja) son definidos simplemente como `pez´ sin especificar más peculiaridades. En algunos casos se notan dudas sobre la forma de escribir algunas palabras y se incorporan dos entradas para la misma voz, como ocurre, por ejemplo, con belmontina y velmontina, o jeito y geito

Es interesante destacar cómo el joven Galdós refleja la pronunciación dialectal seseante en palabras que normativamente se escriben con z,ce,ci y que él las reproduce como se pronuncian en su entorno: basinilla, beso ‘labio’, caroso o resongar. Se debe tener en cuenta que en este vocabulario el escritor recoge muchas palabras que mayoritariamente se usaban en la lengua oral, que oiría probablemente «en su misma casa, ya de boca de la inefable gofiona, Teresa, ya de su novio el roncote, ya de sus familiares o de sus compañeros del colegio de S. Agustín…», como dice De la Nuez (1966: 317) y que, por tanto, podían presentarle problemas sobre su ortografía porque el joven estudiante no las habría visto escritas en sus lecturas.  Además, se podrá ver que en ese cuaderno se recogen algunas formas que constituyen vulgarismos en muchas zonas del español (como ansina o delantre), lo cual revela esa confusión, tan extendida entre algunos hablantes y recopiladores aficionados de léxico, entre lo que es propiamente dialectal y lo que forma parte del habla de determinados niveles socioculturales. También debe insistirse en que a veces la letra no es lo suficientemente clara y ha ocasionado ciertas confusiones: eso ocurre, por ejemplo, con manera y clocos, que en la edición de la Librería Hespérides aparecen como marrera y chocos. En un caso la n se leyó como rr; en otro, el grupo consonántico cl se interpretó como ch. Véase la reproducción de una página correspondiente a la letra M:

Estas Voces canarias tienen un mérito indiscutible: con este repertorio juvenil Pérez Galdós ha quedado, en la historia de la lexicografía de las islas, como el autor que documenta por primera vez muchos regionalismos. Como indica Corrales (1993: 6), a Galdós debe considerársele cronológicamente el segundo recopilador del léxico canario, ya que en esa labor solo lo precedió por unos años Sebastián de Lugo, que había compuesto su Colección de voces y frases provinciales de Canarias en 18461.

Antes de él, al menos por lo que sabemos hasta ahora, ningún estudioso o aficionado había recogido voces regionales como baladera, devaso, entripado, revejido o el peso del día, por no citar más que unos pocos ejemplos de una larga relación que Corrales (1993: 7) concreta numéricamente en 302 palabras. 

Como es bien conocido a partir de los estudios sobre los procesos de adquisición de las normas de habla de la comunidad y de los rasgos sociolectales (vid., por ejemplo, Labov 1964: 91-92 y Chambers 1995: 158-159), el niño y el adolescente asimilan las características propias de su grupo social a partir de la influencia directa de la familia y de los amigos, especialmente de estos últimos. Debemos suponer, por tanto, que el joven Galdós hablaría con los rasgos propios de su entorno familiar y escolar; como ya recomendaba Pérez Vidal (1979: 7), sería necesario profundizar en el estudio de la etapa canaria del novelista, ya que podría reflejar la pervivencia de aquellos elementos culturales y lingüísticos que se adquieren en la infancia y en la adolescencia del individuo. 

Cabe plantearse si los canarismos reunidos en el manuscrito fueron usados por Galdós en su posterior producción literaria. En este sentido es conveniente tener en cuenta que después de los excesos regionalistas de los autores románticos, los escritores realistas procuraron no exagerar la tendencia hacia el uso de localismos porque, como recoge  Schraibman (1968: 2055), se pensaba que las novelas debían ser entendidas por el mayor número de lectores. Además, como es bien sabido, Galdós sitúa la mayoría de sus obras en la capital de España y, consecuentemente, el ambiente no suponía un escenario idóneo para la inclusión de voces de una variedad diatópica tan alejada de la centropeninsular como la canaria. Hubiera sido muy extraño que en sus novelas aparecieran muchos términos relativos al mundo vegetal, animal, agrario o gastronómico de la región donde nació.  Sin embargo, según ha demostrado Pérez Vidal (1979: 64-114), no son escasas las voces canarias, que se encuentran en los lugares más diversos de la inmensa obra del novelista y, curiosamente, no disminuyen en la producción de su última época. La relación de canarismos que incluye el erudito palmero en la novelística galdosiana comprende 43 palabras, a las que añade otras cinco por su uso más frecuente en Canarias o porque en el archipiélago presentaban un matiz específico2. Precisamente en una novela de su época de madurez, El abuelo, publicada en 1897, se puede leer3:

UNA CRIADA, entrando con una bandeja de huevos moles
(1) Esto mandan a la señora Condesa las monjas Dominicas.
NELL, corriendo a verlo.
¡Huevos moles! ¡Qué ricos! (J.II, E. 2ª)

EL CONDE

(2) […] He preferido venirme a pie, sin más compañía que la de este palo, que me ha regalado un pastor de mis tiempos, a quien encontré en Polan. ¡Figuraos si será viejo el hombre! Era yo un niño, y él un mocetón como un castillo que me llevaba a la pela por estos montes… (J.II, E.4ª)

EL CURA al médico
(3) Y ya, ya sé por qué vienes tan pitre, cañamoncito de Jerusa. (J.I, E.12ª)

con la presencia de huevos moles, a la pela y pitre, de los cuales solo este último está registrado en las Voces canarias. De acuerdo con lo que presuponía Pérez Vidal (1979: 65), probablemente el novelista no tenía conciencia del carácter dialectal de muchas de esas voces.

Dado que contamos con la posibilidad de analizar el proceso de creación de muchas obras del autor canario a través de los manuscritos conservados, es posible observar las dudas del autor ante variantes lingüísticas (la dialectal y la más general) y su elección entre ambas opciones; de este modo, se puede constatar cómo en algunos casos el autor sustituye un regionalismo por la forma propia del estándar. 

En el manuscrito de El abuelo (vid. Hernández Cabrera 1993b) el novelista tacha el pronombre de segunda persona del plural ustedes, empleado en situaciones de confianza entre los interlocutores (el uso habitual en la modalidad canaria) y lo sustituye por vosotros, la forma preferida en la mayoría del español peninsular, que es la que finalmente figura en la edición príncipe:  

(4a) ¡Buenos son Vds. para arreglar las cosas…
(4b) ¡Buenos sois vosotros para arreglar las cosas… (J.V, E.1ª)

En este otro ejemplo, se produce la alternancia de las formas verbales y del posesivo:

(5a) Me parece natural que estén al lado de su mamá…
5b) Me parece natural que si vuestra mamá se va esta tarde, estéis a su lado hasta la hora de partir. (J.II, E. 6ª)

En otro caso la corrección se produce ya en la edición impresa. Lo que aparece así en el manuscrito:

(6a) ¿Decían Vds. que el Prior desea verme? 

figura de esta forma en una de las versiones publicadas, la de 1912:

(6b) ¿Decís que el Prior desea verme? (J. III, E. 11ª)

También se puede comprobar que Galdós sustituye en ocasiones el pronombre personal átono de tercera persona en función de complemento directo lo por le; es decir, prefiere adaptarse al sistema referencial propio de la norma centropeninsular frente al sistema etimológico que, como hablante canario, le era más familiar. Así vemos que, en el momento de revisar el texto manuscrito de El abuelo, tacha en algunas oraciones la forma lo

(7a) Hace dos meses que se lo llevó Dios
(8a) Se levanta dispuesto a llevárselo  

y la sustituye por le

(7b) Hace dos meses que me le quitó Dios  (J. III, E. 9ª)
(8b) Se levanta dispuesto a llevársele  (J. III, E. 11ª)

Ahora bien, no faltan en la misma novela cambios en sentido contrario, un síntoma de que el escritor (en definitiva, un hablante bidialectal) no se sentía totalmente seguro del sistema pronominal átono (etimológico o referencial) que debía emplear en sus novelas, lo que debió de obligarlo a realizar un proceso de corrección constante.

Son asimismo significativas las modificaciones en el campo de la sufijación, como podemos ver con –ento, cuya alta frecuencia de uso se suele considerar un producto más de la influencia portuguesa en Canarias; en el manuscrito de El abuelo, Galdós tacha dicha terminación en friolento y la sustituye por la general con –ero (vid. Hernández Cabrera 1993a).  

Lope Blanch (1993) ha destacado un dialectalismo de tipo sintáctico4 en la novelística galdosiana. El citado estudioso analiza el uso de la locución conjuntiva desde que con un valor, de carácter arcaizante (se usó en el Siglo de Oro), que es propio del español canario (también se oye, al menos, en República Dominicana): el nexo se utiliza para introducir oraciones con un verbo principal que expresa una acción perfectiva, puntual, e inmediatamente posterior a la acción del verbo introducido por la locución conjuntiva, del tipo «desde que llegue a mi casa, te escribiré». Así, en Fortunata y Jacinta puede leerse el siguiente ejemplo: «Nos liberaremos, por medio de una sangría suelta, desde que hayas cumplido tu misión» (Lope Blanch 1993: 73).


1 Como es bien sabido, antes de Lugo la lexicografía canaria cuenta con el Diccionario de historia natural de las Islas Canarias, de José de Viera y Clavijo. Pero no hay que olvidar la peculiaridad temática de la obra del enciclopedista dieciochesco – centrada en la descripción de los mundos animal, vegetal y mineral-, por lo que no puede considerarse realmente un vocabulario dialectal (vid. Alvar 1982; Corrales 1996: 146-147).

2 Solo ocho de los dialectalismos que recoge Pérez Vidal están presentes en el cuadernillo elaborado en la juventud del escritor (Corrales 1993: 4).

3 La cursiva de los canarismos es nuestra.

4 Este tipo de rasgos es más difícil de detectar porque suele pasar más desapercibido.

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